¡Hola,
comunidad del Pascual Bravo! Bienvenidos a una nueva entrada de nuestro blog de
Ciencias Sociales.
Hoy les
traigo el chisme histórico de la semana, uno de esos relatos que parecen
sacados de una serie de drama y suspenso, pero que fue 100% real. Vamos a
hablar de un momento que partió la historia en dos: el día en que las mujeres
por fin dijeron "¡A un lado, que nosotras también decidimos!". Así
es, hoy hablamos de la llegada del voto femenino.
Prepárense
su tinto o su jugo, porque esta historia viene con todo.
El contexto: Un club de Toby
a nivel mundial
Imagínense
esto: estamos a finales del siglo XIX y principios del XX. El mundo está
cambiando, hay revoluciones, nuevos inventos, la gente habla de libertad...
pero, ¿quiénes tomaban absolutamente todas las decisiones políticas? Exacto,
solo los hombres.
La excusa de
la época (y aquí es donde uno se lleva las manos a la cabeza) era que las
mujeres eran "demasiado emocionales" para la política, o que su único
deber era cuidar la casa. Pero, como se imaginarán, a muchas mujeres esto no
les hizo ni poquita gracia. Así que empezaron a organizarse.
¡Se armó el alboroto! Las
Sufragistas
Aquí es
donde la historia se pone buena. En países como Inglaterra y Estados Unidos,
las mujeres no se quedaron sentadas pidiendo el favor. Se llamaron a sí mismas
"las sufragistas" y armaron un revuelo tremendo.
Hacían marchas
gigantescas, se encadenaban a las rejas de los edificios del gobierno,
interrumpían discursos de políticos y hasta hacían huelgas de hambre cuando las
metían a la cárcel por protestar. ¡Eran unas guerreras totales! La prensa de la
época las trataba de locas, pero ellas sabían que estaban haciendo historia.
Estaban dispuestas a todo para que su voz contara en las urnas.
Ahora,
traigamos la cámara hacia nosotros. ¿Qué pasaba en nuestro país mientras tanto?
Pues en Colombia la cosa también se hizo rogar.
Durante
años, mujeres berracas como Ofelia Uribe de Acosta y Esmeralda Arboleda
estuvieron presionando, escribiendo en periódicos y debatiendo con políticos
que se oponían rotundamente. El argumento de muchos congresistas era que si la
mujer votaba, "se iba a destruir la familia". ¡Plop!
El gran
momento llegó por fin el 25 de agosto de 1954, durante el gobierno de Gustavo
Rojas Pinilla, cuando se aprobó el derecho al voto femenino. Pero el verdadero
estreno, el día que las mujeres colombianas salieron por primera vez a votar,
fue el 1 de diciembre de 1957, para un plebiscito.
Imaginen la
emoción de ese domingo: miles de abuelas, madres y jóvenes saliendo a la calle,
con su cédula nueva en la mano, sintiendo que por primera vez el país también
era de ellas. Fue la votación con mayor participación en la historia del país
hasta ese momento.
Reflexiones para no tragar
entero
Todo este
revuelo nos deja un par de preguntas picantes para pensar:
- ¿Por qué daba tanto miedo? Si lo
pensamos bien, no era que temieran que las mujeres votaran mal. Lo que
realmente asustaba a los poderosos de la época era perder el control y
tener que compartir el poder.
- ¿Qué damos por sentado hoy? Hoy en
día, cuando hay elecciones, a veces nos da pereza levantarnos a votar.
Pero al recordar que hubo personas que fueron a la cárcel, sufrieron y
lucharon años para que hoy podamos meter un tarjetón en una urna, la
perspectiva cambia por completo.
Conclusión: El poder está en
el tarjetón
La llegada
del voto femenino no fue un "regalo" que los gobiernos les dieron a
las mujeres porque un día amanecieron de buen humor. Fue una conquista. Fue el
resultado de mucha resistencia, de no quedarse calladas y de entender que, si
tú no decides por tu país, alguien más va a decidir por ti.
Así que,
muchachos y muchachas del Pascual, la próxima vez que escuchen sobre política,
elecciones o derechos, no cambien de canal. Recuerden que esos derechos
costaron mucho sudor y chismes históricos de los buenos. ¡Hagamos que valgan la
pena!
¿Y ustedes
qué piensan? ¿Conocían todo el drama que hubo detrás de algo tan normal hoy en
día como votar? ¡Nos leemos en los comentarios!
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